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Requisas de droga en altamar: Ecuador refuerza controles portuarios en el Pacífico y Atlántico Sur

  • Redacción DPE
  • 21 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Durante 2025, Ecuador ha intensificado su papel como actor clave en la lucha contra el narcotráfico marítimo en Sudamérica. Los operativos realizados en altamar, especialmente en el Pacífico Sur, han alcanzado cifras históricas que repercuten directamente en la dinámica de los puertos nacionales y en las rutas hacia el Atlántico Sur.

Solo entre julio y agosto se incautaron más de 24 toneladas de droga en coordinación con la Guardia Costera de Estados Unidos, mientras que en octubre se sumaron otras 10 toneladas, elevando el total anual a 135 toneladas decomisadas en altamar hasta septiembre. Esta cifra ya supera en un 2,2% lo incautado en todo 2024, lo que refleja la magnitud del desafío que enfrenta el país.

Los operativos se han concentrado en aguas cercanas a Galápagos y frente a los principales puertos ecuatorianos, donde las embarcaciones interceptadas son trasladadas principalmente al Puerto de Manta para su judicialización y peritaje.

La estrategia incluye la destrucción de naves utilizadas por las redes criminales y la aplicación de protocolos de inspección avanzada en terminales comerciales como Guayaquil, Posorja y Manta. Estas medidas, aunque necesarias, han generado demoras en la carga y descarga de mercancías, afectando la logística portuaria y obligando a las autoridades a equilibrar seguridad con eficiencia operativa.

El gobierno ecuatoriano ha desplegado el Bloque de Seguridad y reforzado el Plan Fénix, con patrullajes navales, vigilancia satelital y control militar en muelles artesanales y pesqueros, considerados puntos vulnerables para la logística del narcotráfico.

La coordinación internacional ha sido fundamental: la Guardia Costera de Estados Unidos y agencias como la DEA han acompañado los operativos, consolidando a Ecuador como un puerto de control estratégico en la región. Aunque el Pacífico Sur concentra la mayor presión, las rutas hacia el Atlántico Sur —con conexiones hacia Brasil y Argentina— también están bajo monitoreo, lo que amplía el alcance de las medidas de seguridad y posiciona al país como un actor indispensable en la lucha contra el crimen organizado transnacional.

La paradoja que enfrentan los puertos ecuatorianos es clara: mientras se fortalecen los corredores seguros y las zonas de inspección avanzada, se incrementan los tiempos de operación y los costos logísticos.

Sin embargo, la legitimidad internacional que gana Ecuador al demostrar capacidad de control y cooperación regional compensa, en parte, las tensiones que genera esta nueva realidad portuaria. El reto hacia adelante será mantener la eficiencia de las operaciones sin perder capacidad de respuesta frente a un fenómeno que, por su escala y sofisticación, seguirá marcando la agenda marítima y portuaria del país.

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