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Estrecho de Ormuz: su cierre y repercusiones

  • hace 34 minutos
  • 2 Min. de lectura

El cierre del Estrecho de Ormuz es un choque directo para la cadena logística mundial. Sudamérica, y en particular Ecuador, se encuentran en una posición ambivalente: potenciales mayores ingresos por exportaciones, pero también un aumento en los costos portuarios y de transporte que puede erosionar la competitividad regional.


El Estrecho, un paso marítimo de apenas 33 km entre Irán y Omán, concentra alrededor del 20% del petróleo mundial y el 30% del gas natural que se transporta por vía marítima. Su cierre, provocado por la escalada del conflicto en Medio Oriente, ha encendido las alarmas en los mercados internacionales y en los puertos de todo el planeta.


Impacto global inmediato

El alza en precios del crudo es un factor inmediato que repercute en el mundo que, a pesar de la búsqueda de la transición energética, aún depende y mucho de los combustibles fósiles.


 El barril, que rondaba los 65 dólares, podría subir entre 10 y 15 dólares en cuestión de días, con proyecciones que lo ubican sobre los 80 si el bloqueo se prolonga.

La presión sobre derivados viene por default: Diésel, combustible de aviación y gas natural licuado experimentan incrementos que afectan directamente la logística portuaria y el transporte marítimo.


Para Brasil y Argentina, como grandes importadores de combustibles, enfrentan mayores costos de abastecimiento y presión inflacionaria en transporte y producción. Mientras, Chile y Perú, dependientes de importaciones energéticas, verán encarecidos sus fletes y costos portuarios.


Para los puertos sudamericanos: El encarecimiento del bunker fuel (combustible marítimo) impacta en las tarifas de navieras y en la competitividad de los puertos regionales.

Y en Ecuador, los ingresos petroleros que se pueden beneficiar por las exportaciones, serán inmediatamente “castigadas” en el mercado por la calidad de crudo pesado, pero además la importación de combustibles encarecidas golpeará las ganancias iniciales en un círculo vicioso.


Los puertos ecuatorianos podrían experimentar mayor actividad en exportaciones de crudo, pero también mayores costos operativos por el encarecimiento del combustible marítimo.

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