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Desabastecimiento de combustibles en Ecuador: cadena logística bajo presión

  • hace 1 minuto
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Ecuador enfrenta un desabastecimiento de combustibles: la Refinería de Esmeraldas opera apenas al 33% de su capacidad y obliga a importar hasta el 90% de los derivados, lo que genera filas de usuarios que no son atendidos en Quito, Guayaquil y Cuenca. Pero el impacto va más allá: golpea la cadena logística y amenaza la operación portuaria, con riesgos de retrasos en exportaciones e importaciones clave.


El desabastecimiento de combustibles que atraviesa Ecuador ha dejado de ser un problema de estaciones de servicio para convertirse en un desafío que compromete la cadena logística y, en particular, la operación portuaria.


La Refinería de Esmeraldas funciona apenas al 33% de su capacidad tras sucesivos incidentes, lo que obliga al país a importar hasta el 90% de los derivados. Esa dependencia, sumada a retrasos en embarques internacionales, ha generado largas filas en las principales ciudades y un aumento inmediato en los precios de transporte y alimentos.


El impacto se siente en los puertos. Guayaquil y Manta, principales nodos de exportación, enfrentan sobrecostos por el alza del diésel y la reducción de cupos de despacho en terminales como Pascuales y El Beaterio, que han bajado hasta un 40%.


Esto se traduce en retrasos en la programación de carga y descarga, con efectos inmediatos en productos sensibles como camarón, atún y banano, cuya cadena de frío depende de un suministro constante de combustible. El riesgo de incumplir contratos internacionales es real y amenaza la reputación de Ecuador como proveedor confiable.


En el frente de las importaciones, existe un punto crítico. Granos y combustibles descargados en puerto podrían sufrir interrupciones, afectando la seguridad alimentaria y la estabilidad de sectores estratégicos. La canasta básica ya supera los 830 dólares, y cualquier retraso en la llegada de insumos básicos incrementa la presión inflacionaria.


La crisis también tiene un componente social: las filas en gasolineras reflejan el malestar ciudadano y los sindicatos advierten que el desabastecimiento golpea directamente a las familias. En el ámbito portuario, la amenaza es doble: congestión por demoras en transporte terrestre y pérdida de competitividad frente a otros hubs logísticos de la región.

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